Como no podía ser de otra forma, efectuamos en toda la zona común del piso, las respectivas reubicaciones de mobiliario a fin de ganar espacio y, por consiguiente, el confort de todos nuestros invitados. Para describir semejante cambio y posterior ambiente de la fiesta, no encontramos mejor forma que transcribir las impresiones de un invitado que desea permanecer en el anonimato:
"Me acerqué a la plaza de Yamagutxi ese viernes, como lo podría haber hecho cualquier otro del año. Sin embargo, en cuanto puse un pie en su pétreo pavimento y divisé esos chorros tan característicos, me di cuenta de que mi día iba a dar un cambio radical.
No conocía la ubicación concreta del famoso número 3, pero al alzar la vista y detenerme un momento en los balcones, no me cupo la menor duda: ese balcón rebosaba alegría, elegancia y distinción. No me hizo falta ni llamar al telefonillo, porque en cuanto me acerqué, escuché una voz que me dijo: "¡Te abro!". Subí entonces por esa escalera que me fue peinando a la vez que ascendía hasta llegar a la primera puerta, que comenzó a abrirse a la vez que alcanzaba el rellano, para darme acceso a esa nueva dimensión.
Ahora sé lo que sintió Leonardo Di Caprio al entrar en el salón principal del Titanic. El recibidor estaba adornado por seis velas perfectamente distribuidas que daban te daban un recibimiento acogedor y hogareño. Este recibidor daba paso a la estancia principal del piso, el salón. Organizado en dos ambientes diferenciados pero a la vez relacionados, por un lado estaba la zona donde los más lanzados se atrevieron a marcarse unos bailes, y por otro una zona más de estancia y disfrute de buena bebida y mejor compañía. Todo estaba bañado por la tenue luz de decenas de velas repartidas por los diferentes muebles, proporcionando a todo el conjunto ese clima de confianza imprescindible en toda fiesta que se precie.
No obstante, una fiesta no es nada sin la gente que la disfruta. Por eso, para haceros una idea del glamour de esta fiesta, os voy a enseñar las fotos, que hablan por sí mismas...
El piso, engalanado para la ocasión, no defraudó a nadie. Se aprecia además ese ambiente de armonía marcado por las velas.
Derroche de elegancia y saber estar, proporcionado por el sector femenino de nuestros invitados.
El piso es un lugar neutro donde todo el mundo es bien recibido. Lugar idóneo para alianzas de civilizaciones. Claro ejemplo de ello es esta foto que une a Marta Roca (Aldaz) y a Guiomar Goena (Goimendi)


No es necesario remarcar la exclusividad de esta fiesta al mostrar estas fotos con semejantes invitados. Ana y Andrés, María y Pablo, María y Edu... Como digo, no hacen falta palabras.
También es lugar donde (permítanme la expresión) "se parte el bacalao". Alfonso de Luján pone al día a María y Pablo sobre los diferentes fondos de inversión en los que pueden depositar su capital.
Valentina también disfrutó de la fiesta, degustando riquísimos Gamarus aderezados con un toque de whisky de Malta.
Bea Aiguabella, aunque demoró su llegada, no quiso dejar de formar parte de esta historia.
Dos de los anfitriones, Manu y Miguel, atentos a las necesidades y deseos de los invitados. María y Pablo les hicieron más amena esta responsabilidad, ya de por sí gratificante.
Como hemos dicho, en este piso todo el mundo es bien recibido, y no podía ser de otra forma con estas dos, recientemente incorporadas, residentes de Goimendi. Maquica y Myriam trajeron aire fresco al evento y consiguieron que terminara por alcanzar el ambiente perfecto.
Con esta crónica hemos tratado de plasmar lo que fue sin duda la mejor fiesta de Pamplona, aunque es imposible empaparse de esa sensación sin haber asistido. Por eso queremos hacer una recomendación: estad atentos y no os perdáis la próxima. ¡Hasta pronto!
"Me acerqué a la plaza de Yamagutxi ese viernes, como lo podría haber hecho cualquier otro del año. Sin embargo, en cuanto puse un pie en su pétreo pavimento y divisé esos chorros tan característicos, me di cuenta de que mi día iba a dar un cambio radical.
No conocía la ubicación concreta del famoso número 3, pero al alzar la vista y detenerme un momento en los balcones, no me cupo la menor duda: ese balcón rebosaba alegría, elegancia y distinción. No me hizo falta ni llamar al telefonillo, porque en cuanto me acerqué, escuché una voz que me dijo: "¡Te abro!". Subí entonces por esa escalera que me fue peinando a la vez que ascendía hasta llegar a la primera puerta, que comenzó a abrirse a la vez que alcanzaba el rellano, para darme acceso a esa nueva dimensión.
Ahora sé lo que sintió Leonardo Di Caprio al entrar en el salón principal del Titanic. El recibidor estaba adornado por seis velas perfectamente distribuidas que daban te daban un recibimiento acogedor y hogareño. Este recibidor daba paso a la estancia principal del piso, el salón. Organizado en dos ambientes diferenciados pero a la vez relacionados, por un lado estaba la zona donde los más lanzados se atrevieron a marcarse unos bailes, y por otro una zona más de estancia y disfrute de buena bebida y mejor compañía. Todo estaba bañado por la tenue luz de decenas de velas repartidas por los diferentes muebles, proporcionando a todo el conjunto ese clima de confianza imprescindible en toda fiesta que se precie.
No obstante, una fiesta no es nada sin la gente que la disfruta. Por eso, para haceros una idea del glamour de esta fiesta, os voy a enseñar las fotos, que hablan por sí mismas...
Con esta crónica hemos tratado de plasmar lo que fue sin duda la mejor fiesta de Pamplona, aunque es imposible empaparse de esa sensación sin haber asistido. Por eso queremos hacer una recomendación: estad atentos y no os perdáis la próxima. ¡Hasta pronto!








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